Píldoras de postemporada

Más Wild West que nunca.

El merecidísimo galardón a mejor entrenador del año para Steve Kerr (sin olvidar el excelente trabajo de Luke Walton durante su ausencia) corona la histórica liga regular de los Golden State Warriors, pero el verdadero reto del coach comienza ahora.

La cómoda serie ante unos disparatados Rockets (tragicómicos en defensa y empeñados en no alimentar a un infrautilizado Howard en ataque) acabó con Curry de baja al menos 2 semanas. Todas las semifinales de conferencia sin el ejecutor más letal de la NBA y su mayor factor de intimidación sobre el rival, gracias a un rango de tiro infinito que abre un enorme abanico de posibilidades espaciales para el resto de sus compañeros. Thompson, Green y los jugadores de banquillo (excelente la respuesta de Livingston, Iguodala y Speights) capearon el temporal, y el páramo en que se han convertido los Clippers en apenas unas horas (Chris Paul operado de una rotura en la mano y Griffin baja confirmada para el resto de los playoffs) rebajan la dificultad del desafío para la próxima ronda. Queda por dilucidar si será la mermadísima tropa de Doc Rivers o unos Portland Trail Blazers que son un bellísimo canto a la dignidad competitiva en una liga abochornada por ciertos casos de tanking indiscriminado (hasta siempre, Hinkie) el rival de Golden State. El verdadero Everest llegará después, con dos monstruos hambrientos agazapados tras los flashes y el brillo monopolizado desde octubre por los californianos: Spurs o Thunder precisarán del concurso del mejor Curry.

Green y Kerr, ante un reto titánico. Fuente: usatoday.com

Calma relativa al otro lado del país.

La vida sigue igual en la Conferencia Este. El buen papel de los Pistons de Van Gundy no evitó un sweep más de los Cavaliers (17 victorias consecutivas para Lebron James en series de 1ª ronda de los playoffs, a caballo entre Miami y Cleveland), en una bella eliminatoria que arrojó un pequeño detalle que estará ya en la libreta de todos los entrenadores de la NBA. El small ball de los Cavs (explotado más que nunca por Lue y con Kevin Love en el puesto de pívot) dispara la producción ofensiva del equipo, pero deja evidentes lagunas defensivas. Colocar al center sobre Shumpert en defensa (ante la imposibilidad de Iman a la hora de embocar sus tiros) y meter a Love en todas las situaciones de pick&roll posibles en fase contraria (las vergüenzas defensivas del de Santa Mónica aflorar con virulencia en esas jugadas) es la mejor manera de dificultar la existencia al arrollador Big Three.

Con todo, los Cavaliers parecen listos para dar continuidad a su pronosticado dominio en un lado del cuadro en ebullición. Los fastuosos Heat (el mejor róster de la conferencia tras el de los de Ohio) perdieron la brutal inspiración inicial y se ven en dificultades ante las virguerías del prestidigitador Kemba Walker, Pacers y Raptors batallan sin cuartel en una apasionante contienda, y los Hawks de Budenholzer toman ventaja ante unos Celtics escasos de poder ofensivo y excesivamente dependientes de Isaiah Thomas.

Emoción y pasion por el mejor baloncesto, y la función está aún en su primer acto…

Los Pistons exigieron físicamente a Lebron, y The King respondió en consecuencia. Fuente: cleveland.com

@Juanlu_num7

 

Las décadas prodigiosas

«Las expectativas de los demás nunca serán tan altas como las mías. Nunca.»

12 de mayo de 1997. Delta Center. Salt Lake City. Utah. Con el 5º partido de las semifinales de la Conferencia Oeste en el alero, un novato de 18 años recién salido del instituto decide tomar la responsabilidad y asumir los tiros decisivos del duelo. 4 lanzamientos, 4 airballs para regocijo de una parroquia local que nunca profesó amor alguno por los Lakers. La estoicidad y rectitud del estado mormón no mezclan bien con el glamour y superficialidad hollywoodense, ya se sabe…

En plena retirada de la cancha, cabizbajo ante la doble decepción causada por la eliminación consumada y su papel decisivo (para mal) en ella, el chaval emocionalmente desconectado del resto del grupo durante todo el curso recibió el apoyo moral del macho alfa de la manada, un Shaquille O´Neal dominante pero sin anillos en los dedos.

«Fíjate bien en toda esa gente que se ha reído de ti y recuérdalos el año que viene, cuando volvamos a encontrarnos con estos tíos. Entonces, acertarás los tiros.»

«Has sido el único con las agallas suficientes para jugarse esos balones.»

El monstruo con el número 34 a la espalda sabía ya por aquel entonces que necesitaría ayuda para hacer historia, y enseguida vio en aquel chico a esa segunda pata imprescindible para arrancar la decepción que latía en su interior, desde que Olajuwon y sus impecables fundamentos arrollaran a sus Orlando Magic y a él mismo un par de años antes. Y el futuro le daría la razón, con creces…

 

13 de abril de 2016. Staples Center. Los Ángeles. California. Los Utah Jazz volvían a ocupar el rol de actores de reparto en uno de los momentos más representativos de la carrera de Bryant: el de su última función. Tras un curso difícil, arrinconado por los incontables problemas físicos inherentes a dos décadas al más alto nivel profesional y los peores Lakers de la historia de la gloriosa franquicia, Kobe saltaba a la cancha dispuesto a no defraudar al mundo del baloncesto. El acopio de fuerzas acometido durante toda la campaña iba a dar los resultados deseados: primero, el de llegar sano a su despedida. Después, el de hacerlo siendo capaz de decir adiós a su manera.

«Reté a Kobe a que metiera 50 puntos en su último partido, y el cabrón ha metido 60.»

Las palabras de un O´Neal que ha enterrado definitivamente el hacha de guerra con el tipo que le ayudó a alcanzar la eternidad (el tiempo lo cura casi todo) son fiel reflejo de la dimensión del evento. Los Jazz se sabían fuera de los playoffs desde minutos antes de la cita, y ninguno de sus dos gólems interiores eran de la partida, pero la seriedad de los de Quin Snyder (unida a la falta de ella de los de Byron Scott) era argumento suficiente para llegar al último cuarto 75-66 arriba en el electrónico. Y, justo en ese instante, aquel chico con arrojo pero sin acierto al que los años y el trabajo con irreductible fanatismo convirtieron en el asesino más letal con una pelota naranja en las manos, se subió al Delorean para volver al pasado. A ese pasado que los treintañeros de hoy, los mismos que hemos seguido con pasión toda su aventura, nunca vamos a olvidar…

Porque las palabras de aliento de Shaq en aquel día de 1997 se agradecieron, pero Bryant nunca dudó acerca del destino que le reservaban su letal combinación de talento y adicción al trabajo. Ni por un instante.

23 puntos de los 35 totales de los Lakers en los 12 minutos finales con la firma del #24, además de la asistencia a Jordan Clarkson que cerraba la victoria. 96-101. 60 en su tarjeta individual, la mayor anotación de la temporada (6ª vez que logra este hito en su carrera), la mayor también alcanzada nunca por un tipo de más de 35 años. Con 50 lanzamientos totales, sí, pero sin olvidar ponderar el esfuerzo titánico que ello supone para un profesional con 2 décadas a sus espaldas al más alto nivel de exigencia (siendo jugador exterior, para más inri), amén de un sinfín de lesiones.

Tras 33.643 puntos, 5 anillos de campeón, 1 MVP de la regular season y 2 de las finales, 18 nominaciones al All Star Game (y 4 veces jugador más valioso de la cita), aquellos 81 puntos ante los Toronto Raptors, un trofeo del concurso de mates, 11 inclusiones en el mejor quinteto de la temporada y 9 en el mejor quinteto defensivo, Bryant enfilaba el túnel hacia los vestuarios. Para no volver jamás a pisar la cancha vestido de corto.

«La última vez que me sentí intimidado fue durante una clase de karate, y tenía 6 años.»

Kobe nunca temió a nada ni a nadie, se vació (pecando muchas veces de egoísta) en pos de alcanzar su objetivo de ser el mejor, perfeccionó hasta el absurdo su nivel técnico en interminables e inhumanas sesiones entre la cancha y el gimnasio, exigió a sus compañeros su mismo nivel de dedicación para aspirar a lograr su respeto… Y acabó ingresando en el club de la flor y nata de siempre en su pasión.

Y lo hizo a su manera.

Y ha sido un placer infinito ser testigo de ello.

Algo se muere en el alma, cuando un mito se va. Fuente fotografía: mundodeportivo.com

@Juanlu_num7

 

General eterno

«La eternidad se hace larga, sobre todo al final.»

Woody Allen.

 

Los bases han tomado al asalto la NBA moderna, como reyes de un juego cada vez más orientado hacia el exterior y en plena tiranía de la línea de 3 puntos. La posición cuenta con una riqueza de talento nunca vista y, más allá del brillo hipnótico de Stephen Curry (camino de su segundo MVP consecutivo), una pléyade de bases jóvenes domina la mejor competición de baloncesto del planeta. Westbrook, Lillard, Irving, Walker, Wall, Lowry… La lista es interminable.

Pero, dentro de la tan a menudo injusta fascinación ante la novedad inherente a todo ser humano, corremos el riesgo de olvidar al maestro de maestros, a un tipo que ya dominaba el oficio cuando la mayor parte de los asombrosos chavales anteriormente citados soñaba aún con jugar entre los profesionales. A un genio que lleva 10 años impartiendo un clínic diario de liderazgo al timón de la nave…

Porque llegar a la cima es duro, pero mantenerse en ella a perpetuidad es el reto definitivo.

paul ataque

paul ataque2

La inmadurez de Blake Griffin dejó a los Clippers algo más de 3 meses sin el concurso del principal ejecutor y segundo mejor creador de su róster, pero nunca cundió el pánico en la franquicia angelina. El pequeño general de 1.85 metros (nº 4 del draft de 2005, procedente de la universidad de Wake Forest) seguía de corto, y su proverbial dominio del juego era garantía suficiente para mantener la competitividad en tan largo intervalo. 21.1 puntos (46.3% de acierto en triples, con más de dos transformados por noche), 10.4 asistencias y 2.3 robos de balon en enero; 24.3 puntos, 9.8 asistencias y 2.4 robos en febrero; 19.3 puntos y 11.3 asistencias en marzo… 30 victorias en 45 partidos sin Blake de corto. Como venía haciendo desde su llegada al hermano pobre de L.A (31% de victorias para el equipo en los 4 años anteriores a su aterrizaje, 67% desde entonces), CP3 aportaría lo necesario para mantener a la franquicia maldita en la élite. Anotar, potenciar al máximo las habilidades de sus compañeros (DeAndre Jordan haría bien en transferir buena parte de los ingresos de su mastodóntico contrato al genio nacido en North Carolina, las habilidades de Paul constituyen el 80% de su juego ofensivo), defender… Nada escapa al alcance del armador eterno.

Dominador letal de la media distancia, titiritero infalible en el arte del pick&roll (su capacidad de continuar el bloqueo en las 2 vías-pase y tiro o bandeja- le convierten en indomable), la gran ventaja de Chris sobre el resto de jugadores no radica en su físico (arrastrando de por vida la desventaja en altura) ni en su asombrosa pulcritud técnica. Su poderío nace desde un conocimiento del juego tan perfecto que permite tanto ejecutar jugadas con precisión milimétrica como adelantarse a las acciones de sus rivales. Porque, en una competición en la que el bloqueo y continuacion sigue siendo el mantra de una abrumadora mayoría de sistemas ofensivos, Paul es el mejor defensor de toda la NBA en esas situaciones. De largo.

Paul defensa 1

Paul defensa 2

El público mayoritario parece haber olvidado al líder de la NBA agrupando guarismos de los últimos 4 cursos, tanto en pases letales (algo más de 10 de promedio) como en el ratio de asistencias por pérdida de balón (4.3), y el equipo de Doc Rivers no se encuentra en condiciones de desafiar a Warriors y Spurs. Pero desde esta tribuna recomendamos sentarse a paladear un partido de los Clippers, para disfrutar de la eternamente sostenida maestría de su pequeño general.

Cada una de sus decisiones es una oda a la magia del baloncesto.

@Juanlu_num7

Belleza destructiva

«Todo acto de creación es, en primer lugar, un acto de destrucción.»

Pablo Picasso

 

20 años son una eternidad en cualquier ámbito vital, no digamos ya dentro de esa combinación de inmediatez y falta de memoria que define al deporte en el más alto nivel competitivo. Alcanzada esa doble decena al frente del banquillo de los Spurs, el margen para la sorpresa dentro de la maestría constante de la labor de Gregg Popovich era altamente exiguo. Camino de su 19ª campaña consecutiva con un récord de al menos un 61% de victorias, y habiendo sentado cátedra tanto en defensa (con aquellas primeras escuadras de finales del SXX-principios del XXI, dominadoras en el cemento) como en ataque (situando la cima estética del spacing+passing en la final de 2014 ante los Miami Heat de Lebron James),  la chistera del camaleón de Indiana se presumía agotada. Qué equivocados estábamos todos…

El brillo cegador de los apabullantes Golden State Warriors de Steve Kerr no debe situar fuera de foco a la titánica obra destructiva que están construyendo los San Antonio Spurs 2015/16. La tropa tejana encaja esta temporada 95.2 puntos por cada 100 posesiones, dejando a los rivales en un 45.8% de acierto en tiros de campo y permitiendo únicamente 18.7 puntos por duelo desde la línea de 3. Todas ellas cimas en solitario de la NBA, siendo además el primero (medida de la eficiencia en defensa de un equipo) Top 10 histórico de la competición (acompañando a bulldozers corales como Knicks de Pat Riley, los Pistons de Larry Brown, los Celtics campeones de Doc Rivers o los propios Spurs reyes del 2003). Y eso son ya palabras mayores…

 

«La pasión por la destrucción también es pasión creativa.»

Mijaíl Bakunin

 

El engranaje colectivo acudió al rescate, para disipar las dudas razonables con respecto al proceso de integración de LaMarcus Aldridge. Porque, más allá de las monstruosas capacidades destructivas de Kawhi Leonard (probablemente el mejor two-way player del baloncesto moderno, candidato perenne a mejor defensor del año), el poderío de los cuatreros inmortales del Álamo reside precisamente ahí, en el bloque. Uno para todos y todos para uno.

Por todo ello, y como muestra de una máquina bella e inclemente, optamos por elegir una jugada sin Leonard en cancha y ante un conjunto top 5 en eficiencia ofensiva. Una coreografía de precisión quirúrgica, definitoria de un trabajo colosal.

Spurs def

 

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Spurs defensa

Aguja en un pajar ejemplarmente afilado, reflejo de la maestría que un grupo de seres humanos pueden alcanzar trabajando juntos. El epítome de la belleza destructiva.

@Juanlu_num7

 

 

Fin de la reflexión

El megatón estallaba el pasado lunes: los New York Knicks anunciaban el despido fulminante de su entrenador Derek Fisher, tras una racha de 5 derrotas consecutivas (9 en los últimos 10 partidos). El reflexivo (otro de los inmortales motes del maestro Andrés Montes, D.E.P) ya es historia en la Big Apple.

Stephenson, entre la legión de sorprendidos ante la noticia. Fuente: sportsgif.com

 

Las últimas declaraciones de coach Fish, asumiendo «alguna» responsabilidad ante esos flojos y recurrentes arranques de partido (y alineándose de paso entre las filas de los que siguen pensando que la NBA es una liga de jugadores, lo cual depende siempre del peso del inquilino del banquillo), no ayudaron desde luego a su causa. Los últimos cuartos inaugurales de los Knicks se cifran en sonrojantes desventajas de 31-20 ante Denver, 24-18 contra Memphis y 15-27 en Detroit, obligando a la escuadra a acometer remontadas valientes pero que supusieron en todos los casos brazadas desesperadas para acabar ahogados en la orilla. El propio Phil Jackson negaba la influencia decisiva del lamentable episodio entre Fisher y Matt Barnes en el cambio de timón (aunque admitió que originó vergüenza entre todos los miembros de la organización, plantilla incluida), y se otorgaba parte de culpa en el fallido tutelaje del que fuera su base en aquellos Lakers campeones de 5 anillos en dos etapas.

«I may not have mentored you as well as I could have.»

Fisher abandona los Knicks con un trabajo cuanto menos respetable en su segunda temporada. Tras una terrible campaña de debut en los banquillos, con un róster cómico y el peor balance de la historia de la franquicia (17V-65D), la tropa comenzaba a asimilar la vertiente más colectiva del triángulo, incluyendo a un Carmelo Anthony que se mueve en el tope histórico de su carrera si de pases letales hablamos (4.2 por noche). El registro victorias-derrotas coqueteaba con el 50% hasta la terrible racha final, la defensa mostraba mejoras en ciertas áreas (sobre todo a la hora de contener la producción del rival desde la línea de 3 puntos, arma clave en el baloncesto moderno) y la pareja de 7 pies causaba estragos momentáneos en la pintura (5.6 tapones de media, 7º mejor registro de la competición). Pero el Maestro Zen esperaba más de un equipo reforzado este verano con veteranos profesionales (López, Afflalo) y un novato letón que excede expectativas en ambos lados de la pista. Derek abandona el club con el peor bagaje de siempre entre los jefes de banquillo que ocuparon el puesto en al menos 100 partidos (29.4% de triunfos, por el 30.2% de Eddie Donovan). La fría e inmisericorde crueldad de los números…

Kurt Rambis, ayudante de Fisher, alumno de la escuela Jackson y con un bagage profesional de 56 victorias y 145 derrotas como primer entrenador (tras un delirante paso por los Minnesota Timberwolves), ocupará el cargo de forma interina. Pero a nadie se le escapa el que los Knicks dirigirán sus cantos de sirena hacia un sueño (Luke Walton, dispuesto a romper la banca el próximo verano tras un arranque de videojuego durante la baja de Steve Kerr en los Golden State Warriors), una opción más factible (Brian Shaw, padawan de Jacko pero con prestigio dañado tras su paso por los Denver Nuggets) y una bomba. Porque, en contraposición a esas dos alternativas (ambas de la Escuela Zen), desde diversos púlpitos de la prensa neoyorquina se difunde la palabra de Thibodeau. El ex-caudillo de los Bulls, sin empleo en la actualidad, haría competitivo a un grupo de cuarentones desde la defensa y la entrega irrenunciable, pero por el momento no parece la salida más atrayente a ojos del tío Phil.

Shaw, Rambis y Jackson: trinidad alejada de la santidad. Fuente: nba.com

 

Triángulo o Heavy Metal (en un remake de aquellos míticos equipos comandados por un camaleónico Pat Riley en los 90), ahí tenemos una duda que firmaría gustoso el mismísimo William Shakespeare. Lo único claro es que el periodo de reflexión ha llegado a su fin en las entrañas del mítico Madison Square Garden y que, si Phil se lanza a por el vástago del colosal Bill Walton, la guerra contra su compañera Jeannie Buss promete alguna que otra noche de exilio forzoso en el sofá de su refugio en Malibú…

@Juanlu_num7

 

Ilusión en la Big Apple

Los lamentos y abucheos acaecidos durante la última noche del draft han pasado ya a mejor vida. Tras un interminable historial de menosprecios hacia el proceso de reclutamiento de novatos (con Dolan regalando elecciones sin pudor alguno, año tras año y en operaciones delirantes), los New York Knicks disponían del número más alto desde 1985 (Patrick Ewing), y el elegido en la 4ª posición sería el letón Kristaps Porzingis. La decepción (fruto del desconocimiento) de los fans presentes en la ceremonia mutaría en esperanza, apenas iniciada la pretemporada: el chaval de 2.21 metros y nombre impronunciable era ya el gigante más impactante de la capital del mundo desde tiempos de King Kong… O del center jamaicano formado en Georgetown.

Contemplar los primeros pasos de Porzingis en la liga es un regalo de incalculable valor para cualquier amante de nuestro deporte. Bajo el envoltorio de una altura y envergadura de videojuego, el ex de Baloncesto Sevilla despliega sobre la pista habilidades más propias de un jugador perimetral, sobre todo si nos referimos a manejo de balón y rango de tiro. Los porcentajes de acierto (32.8% desde la línea de 3) subirán, y los 42 lanzamientos desde la larga distancia transformados por Kristaps hasta el momento amenazan a muy corto plazo el reinado de Arvydas Sabonis en esta faceta, siempre dentro del gremio de los monstruos de al menos 7.2 pies (136 convertidos durante sus 7 campañas en la NBA).

Crossovers diabólicos para sus rivales en las alturas, agresividad a la hora de cargar el rebote ofensivo (con mates que se cuentan ya entre las jugadas más impactantes de esta camada de novatos) y lectura del juego propia de alguien que, pese a sus 20 años, acumulaba ya 3 de experiencia en la liga ACB. Pero además, por si fuera poco, entre los poderes del nuevo ojito derecho de la sufrida parroquia Knickerbocker se cuenta también la defensa…

El Letón volador. Fuente: jrssportbrief.com

Pese a ciertos fallos conceptuales como la sobreactuación en ciertas ayudas o la tendencia a cargarse de faltas, perfectamente normales en un perfil en formación, Porzingis comienza a erigirse en una fuerza a la hora de proteger su propio aro. Su movilidad (surrealista en un jugador de su tamaño) y facilidad para colocar tapones (1.9 por partido) son capitales en un engranaje defensivo conservador como el de los Knicks, con dos gólems custodiando el aro durante la mayor parte de los minutos. Y ese 47% de acierto en los tiros provocado a sus rivales en la pintura mejorará, a poco que vaya asimilando la regla de la verticalidad (que convirtió a Roy Hibbert en protector de aro de élite durante una breve ventana temporal).

Con dos galardones a mejor novato del mes de la Conferencia Este ya descansando sobre la chimenea de su hogar neoyorquino, Porzinger puede presumir de un premio aún más trascendente: el de escuchar a la Meca del baloncesto mundial corear su apellido, a duras penas. Los nuevos Knicks proyectan ilusión, y su interminable faro con el #6 en la zamarra es el principal foco.

Cualquier día los neoyorquinos alzarán la vista en la intersección de la Quinta con West 34th Street y advertirán, estupefactos, como el longuilíneo letón se encarama a la cima del rascacielos más famoso de la ciudad. El cielo es el límite para Kristaps.

 

@Juanlu_num7

Todos quieren a Draymond

Permitidme matizar el título de esta entrada, cuya similitud con el de una comedia televisiva de mediados de los noventa-inicios del nuevo siglo venía pintiparada al que escribe: todos en su equipo quieren a Draymond. Porque los rivales de turno odian a Draymond, como el generador constante de problemas y desequilibrios que es dentro de la apisonadora imparable que son los Golden State Warriors.

Llevamos meses loando (y con razón) el excelente momento de Stephen Curry, centrado en la ejecución desde cualquier distancia y en cualquier situación (más allá de los triples, es imperativo recordar que Steph en el tercer guard de la liga con mejor porcentaje de acierto en los lanzamientos intentados en la pintura, lo cual le convierte en virtualmente imparable). Pero, para buscar al generador primario de juego del equipo, hay que mirar más allá del pequeño genio de Akron. El base de facto de los Warriors es un tipo de poco más de 2.01 metros, que oscila entre los puestos de 4 y 5 pero cuya naturaleza es eminentemente aposicional. Playmaker, navaja suiza defensiva y líder vocal de los Guerreros de la Bahía: todos esos roles y muchos más confluyen en la figura de Draymond Jamal Green.

En el fastuoso ataque de los Warriors, ejemplar tanto en eficiencia (109.9 puntos por cada 100 posesiones, liderando la NBA) como en ritmo de juego (103.6 posesiones por partido, colíderes junto a los Sacramento Kings de George Karl) y a la hora de compartir el balón (28.7 asistencias por duelo, de nuevo en lo más alto de la competición), Green reparte 7.4 pases letales por noche, además de anotar 14.8 puntos con un letal 41.7% de acierto desde la línea de 3. Las secuencias en las que Green asegura el rebote y cruza la pista botando con maestría, para acabar encontrando al compañero mejor situado o cargando directamente contra el aro del rival, son una de las señas distintivas del equipo comandado por Luke Walton (hasta la vuelta de un convaleciente Steve Kerr).

Pero el brillo ofensivo no debe ocultar a los ojos del buen aficionado otro de los grandes poderes de estos históricos Warriors: su titánica defensa. Bogut, Thompson y Ezeli son excelentes defensores en sus respectivas áreas, pero es nuestro protagonista el que convierte en sostenible ese letal small ball con el que los de Oackland humillan a adversarios a lo largo y ancho de EEUU y Canadá. Porque cualquier engranaje liviano y de cambios automáticos precisa de un monstruo capaz de defender las 5 posiciones, si de verdad pretende aspirar a un cierto éxito.

Maestro en las ayudas, sobrado de movilidad y lateralidad, capaz de defender al poste bajo (sobre todo por anticipación), buen taponador para su altura, muy eficaz tapando líneas de pase… Draymond es el defensor definitivo en la era del Pace & Space, con muchos equipos apostando (o viéndose obligados) por reducir su tamaño en pista.

1.3 robos de balón, 1.4 tapones y un excelso 43.4% de acierto en tiros provocado a sus rivales en la pintura (cifra surrealista a la hora de hablar de un tipo de 2 metros escasos, casi siempre en desventaja de altura) son algunos de los tangibles que aporta Green, siendo su fiereza y su aversión a la rendición aún más importantes.

Con 7 triples-dobles registrados ya en este curso (3 de ellos consecutivos, entre el 31 de diciembre y el 4 de enero), el que fuera elección nº35 del draft de 2012 sostiene la maravillosa revolución perpetrada a orilla de la bahía, a la sombra de los Splash Brothers y como exponente máximo de ese nuevo baloncesto que empuja a los tradicionales big fellas hacia la consideración de rarezas contraculturales. Todos quieren a Draymond, todos temen a Draymond…

@Juanlu_num7

Deriva en Malibú

«He enterrado cuentos y calendario,
ya cambié el balón por gasolina.
Ha prendido el bosque al incendiar la orilla.»

 

A cierre de líneas, Los Ángeles Lakers protagonizan el periodo más oscuro de su brillante historia, una que cuenta con 16 anillos de campeón y 31 finales disputadas. Decíamos en la preview del curso (http://fiebrebaloncesto.com/quo-vadis-lakers/) que para una franquicia como la angelina, acostumbrada a vivir fortificada en la cima de la NBA, el periodo actual de 3 años de reconstrucción era territorio inexplorado. Pero lo que estamos viendo en este curso hace imposible llegar a la conclusión de que estos Lakers estén construyendo algo. Con un récord de 3 victorias y 21 derrotas, superando únicamente a unos Sixers que lograron su único triunfo precisamente ante las huestes hollywodenses, el equipo se abandona a la deriva.

 

«Habrá que inventarse una salida,
ya no hay timón en la deriva.»

 

Los Lakers de Byron Scott no comparten el balón (18 asistencias por noche, 2º peor equipo de la liga), son un desastre atacando (96.6 puntos anotados por cada 100 posesiones, 28º registro de la NBA y empeorando en mucho los 100 del curso pasado), defendiendo (106.8 puntos recibidos por cada 100 posesiones, mejorando únicamente los guarismos de los New Orleans Pelicans) y superan tan sólo a los Sixers lanzando a canasta (45.7% de acierto). Los vines con jugadas ridículas de la tropa púrpura y oro (especialmente crueles con el ex del Barcelona Marcelinho Huertas, que naufraga constantemente a la hora de bajar el culo atrás) toman Internet al asalto, Hibbert se muestra más perdido que un pulpo en un garaje (y esta vez la culpa no es del todo suya) y los sistemas de ataque del equipo se limitan a que Kobe reciba el balón para jugarse el tiro, con independencia de su posición o de la proximidad de su defensor. En el último baile de su faraónica carrera, Bryant está promediando 17.2 tiros por partido, con un pírrico 32.4% de acierto.

El crossover de Brandon Knight deja en evidencia a un superado Huertas. Creedme, la jugada empieza con Marcelo enfrente de su rival. Fuente: espn.go.com

 

«Has tenido pulso para engancharme 

alistado en ejércitos suicidas.
Me adentré en el bosque y no encontré al vigía.»

 

Uno de los más perjudicados del embrollo monumental es precisamente el principal pilar sobre el que construir algo parecido a un futuro en la gloriosa franquicia. D´Angelo Russell, elección nº2 del último draft, es un apasionante proyecto de base, cercano a los 2 metros de altura y capaz de hacer prácticamente todo en una cancha de baloncesto. Pero es bien sabido que los armadores de juego necesitan de la confianza y ayuda de entrenadores y veteranos para acometer su adaptación al mundo profesional, más aún en un equipo distópico hasta el extremo como estos Lakers. Y, por si el convivir con 3 acaparadores natos de balón (Bryant, Young y Williams) en el róster no fuera suficiente, el chaval procedente de Ohio State ha sufrido la nula e inexplicable comunicación del coach Scott hacia sus novatos (catalogando como tal también a un Randle que apenas disfrutó de 14 minutos de experiencia en su curso de debut). Cuando el periodista angelino Baxter Holmes cuestionó a D´Angelo acerca de porqué había pasado a salir desde el banquillo durante el mes de noviembre, el chico respondió que algo estaría haciendo mal, y que debía corregirlo. La respuesta a la siguiente pregunta dejaría estupefactos a todos los presentes:

Byron explain why?

No.

Russell y Randle se ven obligados a dar los primeros pasos en el oscuro y peligroso bosque de la NBA sin atención alguna de su vigía…

Russel busca en Kobe las enseñanzas que Scott le niega. Fuente. nba.com

 

«Habrá que inventarse una salida.
Que el destino no nos tome las medidas.
Hay esperanza en la deriva.»

 

El bochorno sigue, los ridículos se suceden (97-126 en la última visita a Houston), pero débiles focos de luz tratan de hacerse ver entre la oscuridad reinante. Scott parece haber variado ligeramente sus delirantes planes, y Russell viene disfrutando de más responsabilidades ofensivas en el último mes (15.1 puntos y 3.6 asistencias promedia el novato en lo que llevamos de mes de diciembre). Además, Randle ha liberado a esa bestia reboteadora que lleva dentro (10.8 rebotes del media en los últimos 8 partidos) y Jordan Clarkson no abandona ese perfil vertical hasta el extremo, que tan necesario será cuando Kobe ya no esté.

Porque, como nos enseñan Vetusta Morla (autores de los maravillosos versos que han acompañado a este texto desde el inicio), en cualquier situación es posible hallar un halo de esperanza.

@Juanlu_num7

The End

El orgullo, combustible primordial de la histórica trayectoria deportiva de Kobe Bryant, sufre sin medida, atrapado en un cuerpo muy limitado por las lesiones y el desgaste inherente a 20 años en la élite. Las piernas se muestran incapaces ya de dotar al genio de Philadelphia del impulso necesario para embocar tiros imposibles como antaño (30.4% de acierto en sus lanzamientos de campo en el nuevo curso, 22% si nos centramos en los triples), y la ambición impide que La Mamba abandone el protagonismo de esa función sin orden ni concierto que son estos Lakers de Byron Scott. El equipo y sus jóvenes talentos eran cautivos de Kobe, y Kobe se encontraba a la vez confinado en la cárcel de su físico: había llegado el momento de anticipar la despedida.

Un torrente desbordado de recuerdos y sensacionales noches que pasaron a los libros de excelencia individual de la NBA, esa fue la reacción del que escribe al conocer la noticia y leer el poema breve de Bryant. Desde el 13er puesto de aquella fantástica camada de novatos de 1996, pasando por la tumultuosa dinastía que su compleja coexistencia con O´Neal impidió ampliar en el tiempo, hasta las 3 finales consecutivas junto a Pau Gasol: 20 años maravillosos que ni 5 anillos de campeón, ni un MVP de la liga regular, ni 2 MVPS de las finales, ni 17 presencias en el All Star Game, ni 11 inclusiones en el mejor quinteto de la temporada y 9 en el mejor quinteto defensivo, ni ese tercer puesto en la lista de anotadores históricos son capaces de sintetizar.

Porque es posible amar el baloncesto coral que tan bellamente interpretan los Warriors en la actualidad (y muchos otros conjuntos anteriormente), guardando a la vez como tesoros esos cursos en los que Bryant alcanzó la cima del éxtasis ejecutor individual. Esa temporada 2005/2006 saldada con unos alucinantes 35.4 puntos de promedio, arrastrando a un equipo mediocre hasta los playoffs y dejando por el camino regalos como los 81 puntos anotados ante los Toronto Raptors, o los 62 en tres cuartos frente a unos muy superiores Dallas Mavericks acaudillados por Dirk Nowitzki. Y tantas otras erupciones imparables, arrasando a equipos enteros como la incandescente lava de un poderoso volcán desatado.

 

«But you only need the light when it´s burning low

Only miss the sun when it starts to snow

Only know you love her when you let her go.»

Let her go – The Passenger 

 

De aquí al mes de abril todos los pabellones de la liga mostrarán su respeto absoluto hacia uno de los más grandes intérpretes de esa gloriosa sinfonía que es nuestro juego. El rival más odiado, el trabajador incansable, el orgulloso cañonero, el asesino sin piedad ni temor en los instantes decisivos, veía la semana pasada como la sufrida parroquia de su Philly natal, la misma que le abucheó sin piedad tanto en las finales de 2001 como a la hora de recoger el premio al MVP del All Star Game en 2002, rendía tributo a su figura.

Porque no valoramos de verdad a las personas hasta que se han ido.

Ha sido un verdadero placer el acompañar a Bryant en esta aventura de dos décadas, siendo testigo de su proceso de evolución personal (desde el chaval aislado emocionalmente del resto del róster al veterano líder vocal, pasando por los recurrentes problemas de ego desmedido que le hicieron chocar con Shaq y con tantos otros) y profesional. Con sus virtudes y sus defectos, es hora de que todos tomemos perspectiva y valoremos como se merece el legado de un deportista inolvidable.

@Juanlu_num7

Travesía sin final

«Fue tan largo el duelo que al final

casi lo confundo con mi hogar.»

Cuarteles de invierno. Vetusta Morla.

 

37 victorias por 127 derrotas en dos temporadas, y un panorama similar para el curso que acaba de comenzar. La reconstrucción eterna perpetrada por Sam Hinkie sigue colmando de vergüenza las alforjas de los sufridos asistentes al Wells Fargo Center. Los históricos Sixers se han convertido en tierra de oportunidades para jugadores rebotados desde otros equipos u olvidados en la ceremonia de selección de los novatos, mientras desarrollan talento bisoño y mantienen la máxima flexibilidad salarial posible, a la espera de que el proyecto capte la atención de alguno de los grandes nombres de la NBA. En las oficinas no tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones drásticas: si se adivina un techo bajo para un jugador, su futuro como pieza clave estará en entredicho. Ahí está el ejemplo de Michael Carter-Williams, novato del año en 2014 y que acabó en los Milwaukee Bucks.

Y, caminando entre el lodazal transitorio generado desde las oficinas, un entrenador que pretende ejercer de mentor para su grupo de chavales, educándolos en la cultura competitiva de acuerdo al baloncesto moderno. Dentro de la limitadísima calidad de sus recursos, Brett Brown ha implantado en el equipo la metodología derivada del Basketball Analytics: los Sixers fueron la temporada pasada el segundo equipo que menos lanzamientos ejecutó desde la media distancia (el tiro más ineficiente, en una distribución ideal que prima lanzamientos de 3 puntos y cercanos a la canasta), únicamente por detrás de los Houston Rockets. El Tanking abrazado por los mandamases no baja a la pista, donde el coach y sus jugadores intentan competir con dignidad: una utopía si comparamos su róster con el de sus rivales noche tras noche.

Las elecciones de la organización en los últimos drafts son otro foco de críticas por parte de los aficionados de la Ciudad del Amor Fraternal. Sus picks más relevantes (aparte de Carter-Williams y de un Saric que ha confirmado recientemente que el año que viene será el de su desembarco en la mejor liga de baloncesto del planeta) son todos jugadores marcadamente interiores, y uno de ellos (Embiid) oposita al título de heredero de Greg Oden. En los otros dos gólems bisoños anidan las grandes esperanzas de la franquicia, y las escasas razones para sentarse a ver un partido de Philly este año.

Okafor, esteta en pleno lodazal. Fuente. nba.com

Jahlil Okafor, favorito a novato del año con un juego a contraestilo en la actual NBA, es el mayor atractivo de la tropa. El chico procedente de Duke viene mostrando sus extraordinarios recursos al poste bajo desde el primer día entre los profesionales, sumados a una capacidad para correr la pista que no es norma entre los jugadores de su talla. 26 puntos ante Boston, 24 frente a los Cavaliers (arrollando por momentos a Kevin Love) y 21 en Milwaukee, sin bajar nunca de la decena en sus 5 primeros partidos NBA. Brown deberá bajar el ritmo de juego para surtir de balones a su principal arma, que acumulará unos niveles de uso ofensivo decisivos en la carrera por ser el mejor rookie 2015/2016.

Y, guardando las espaldas a Okafor, Nerlens Noel afronta su segunda aventura (sin contar un año de debut en blanco por lesión) deseoso de confirmar su valor en defensa y pulir de paso un arsenal ofensivo francamente limitado. 10.8 rebotes, 2 tapones y 1.3 robos de balón promedia el espigado power forward (center a la fuerza) en los 5 partidos disputados, todo versatilidad pendiente de absorber los conceptos defensivos que la pizarra de su coach asimiló en la escuela de los San Antonio Spurs.

A falta de victorias, bueno es monitorizar las evoluciones de un juego interior prometedor, mientras se trata de avistar un oásis en la eterna travesía por el desierto organizada por Hinkie. Quien no se consuela es porque no quiere…

@Juanlu_num7