De la nevera a la olla

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¿Para qué sirve el baloncesto? La respuesta, en el caso de muchas de las personas que frecuentan esta página, está clara: para vivir el viaje cotidiano con el triple de intensidad. El baloncesto es una escuela de valores, un suministro de emoción inflamada y, por encima de todo, un juego que nos entretiende y divierte. Todas estas coordenadas están plasmadas en esta pieza de Carlos Sánchez Blas, la voz del baloncesto en Onda Madrid y nuestro especialista de cabecera del baloncesto internacional. Disfruten de la función. 

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De la nevera a la olla

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Carlos Sánchez Blas

14.agosto.2012

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La selección española, un equipo capaz de ‘volar’ en todos los frentes… Fuente de foto: wikipedia

 


Escribo en caliente, recién finalizada la final de los Juegos Olímpicos de Londres. Mola más escribir en caliente. Cuando uno está “caliente”, asoman los instintos más primarios, los que te conducen al camino de la verdad. Escribir en frío supone meter en la nevera la ración de paella que te ha sobrado. Mañana estará buena, pero no tanto.

España, el basket y los Juegos. Dos semanas de competición que me han dejado unas cuantas “calenturas”. La mejor ha sido la última, el tremendo “calentón” de ver a mi equipo metiendo el miedo en el cuerpo a uno de los mejores equipos de la historia. Un partido brutal, un espectáculo inolvidable, unos cuantos extraterrestres flotando sobre un parqué que durante 40 minutos disfrutó las pisadas de dos escuadras legendarias. Desde el sofá de mi casa, el cual apenas sentía mi trasero ya que vi el partido de pie, disfruté de una tarde mágica, de un “show” sólo al alcance de los mejores artistas del planeta. Fue como presenciar la final desde el interior de una olla en ebullición. Qué disfrute. Qué sufrimiento.

Enseguida vuelvo a la olla y a mis “calentones”. Pero debo confesar que llegué al calor “sahariano” desde un frío que por momentos me pareció polar. Una temperatura gélida provocada por el último cuarto del España – Brasil. No me gustó. Me incomodó. Me sentí extraño, mal, triste. No fue dejarse ganar. Fue activar todos los mecanismos (corporales, anímicos, clasificatorios, “medallísticos”…) necesarios para dejarse llevar. Respeto todas las opiniones, pero creo firmemente que negar todo lo que acabo de explicar es ponerse una careta. A mí no me agradó. Algunos pseudo románticos seguimos creyendo que el fin no justifica los medios. Nunca. Ni en el deporte ni en la vida. Estuve varias horas (quizá días) metido en una nevera emocional que me secuestró las sensaciones de otros campeonatos. Nunca he “matado” a esta Selección por su rendimiento deportivo, pero no puedo evitar sentirme fatal cuando recuerdo nuestra actuación en aquella última entrega ante el conjunto “canarinho”.

Me dolió porque he compartido momentos inolvidables con esta generación irrepetible, con este equipo legendario. La implicación y bondad de Calderón, los brazos y el corazón de Ibaka, las “pelotas” de báscula de Felipe Reyes, la magia incalificable del “Chacho” (y de Ricky), los triples imposibles de Rudy, la electricidad y las venas hinchadas de Llull, o el baile y los ganchos de Marc. Me da miedo pensar que acabamos de cerrar un ciclo, que aquí se cierra el telón de un bloque de hormigón (bloque, siempre bloque, en la pista y en la calle). Un grupo comandado por dos “marcianos” que me han hecho gozar del baloncesto infinito, a la enésima y multiplicado por todas las cifras posibles. Ellos son Navarro y Gasol.

Navarro es mi debilidad. “Cojo” es mejor que cualquiera. Más compromiso que talento, que ya es mucho decir. Bombas, triples, puntos, títulos. No ha sido su campeonato porque estaba para jugar con muletas, pero mi agradecimiento eterno a un tipo que ha hecho vibrar mi voz y temblar mi corazón. 

Del “extraterrestre” Gasol sólo voy a decir que jamás olvidaré (y pienso vivir más de 100 años), la cola que guardaron las estrellas americanas nada más finalizar el choque para abrazarlo y rendirle tributo. “Lástima”, había dicho Pau minutos antes ante la mirada indiscreta de un realizador atento. Lástima, Pau. Lástima que esto se acabe. Lástima que jamás volvamos a vivir estas  . Lástima que cumpláis años. Lástima. Pero mucho orgullo. Porque el domingo me lo llegué a creer. Llegué a pensar que les íbamos a ganar, que ibais a protagonizar la mayor hazaña de la historia del deporte español. Que un día les contaría a mis nietos que España la lió “parda”, que vi a mi equipo con el oro olímpico colgado del cuello. Os he visto ganar muchas veces y he tenido el enorme privilegio de contarlo por la radio. Gracias por todo. Sigo con un “calentón” terrible y no pienso moverme de esta cazuela.

 



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