Espejo del alma

Caras que son espejo del alma cuando, tras 39’59”, el balón gira sobre sí mismo dispuesto a dictar sentencia. El veredicto (80 – 81), favoreció a la Penya [Foto portada: Emilio Cobos / Baloncesto Fuenlabrada]

Espejo del alma
Theobald Philips

(Foto: Emilio Cobos / Baloncesto Fuenlabrada) La cara es el espejo del alma

(Foto: Emilio Cobos / Baloncesto Fuenlabrada)
La cara es el espejo del alma

No sonó Raphael, pero la gente salió contenta del Fernando Martín. Ni un pito, al revés, grandes aplausos al equipo y, sobre todo, a uno de los nuevos, el Álex Llorca de las fotos que ilustran la cabecera de este artículo, que tras un gran partido aportando intangibles desde una posición que no es la suya (10 de valoración con solo 2 puntos anotados, el 3º de su equipo), falló el tiro decisivo. La cara es el espejo del alma, y el alma de la grada es agradecer el esfuerzo supremo que habían realizado los suyos, remontando en la segunda mitad del último cuarto una desventaja de 13 puntos. En esta cancha se perdona la derrota, no el abandono.

Por contraste probablemente con ese ambiente de alegre resignación que destilaban los bancos naranja-azulados, a este humilde escribidor le sorprendió mucho la cara de Jota cuando compareció en sala de prensa. Objetivo como siempre en el análisis, con la claridad de buen profesor que suele exhibir en sus explicaciones, marcó los fallos cometidos pero sin olvidar destacar los aciertos, balanceando el karma de lo negativo con lo positivo. Pero sus ojos no parecían seguir sus palabras, y una cierta rigidez en la mandíbula le daba un aire de austeridad, de estarse conteniendo, al que no nos tiene acostumbrados. La cara es el espejo del alma y, por primera vez en esta temporada, la sensación era que el entrenador del Montakit Fuenlabrada no estaba contento en absoluto. Leyendo lo que nos dijo en la nevera no-frost que en invierno alberga las ruedas de prensa, e hilándolo con lo que han sido los últimos partidos, parece que el de Getxo estaba manteniendo el tipo pero, por dentro, era como ese padre que sabe que su hijo se ha presentado a los exámenes con un apretón de estudio la noche anterior, consiguiendo una nota muy por debajo de sus posibilidades.

Y es que una vez más los naranjas hicieron un partido irregular, a remolque, olvidando en muchos tramos del mismo lo que son sus señas de identidad. En este caso es cierto que esa amnesia vino fomentada por la gran defensa verdinegra, tan agresiva en el perímetro que, por primera vez en mucho tiempo, obligó a los locales a sumar de dos de dos, en ataques estáticos, cuando ellos en posicional lo hacen sobre todo de tres en tres, dejando las canastas normales para las cabalgadas en contrataque o algún balón interior para abrir huecos a sus tiradores. De esa forma, FIATC Joventut dominó el partido desde el primer minuto, con pocas ventajas de inicio, es cierto, pero casi siempre por delante, consiguiendo un cierto colchón al final del primer cuarto (20 – 24) cuando Sàbat cambió el ritmo de simple intercambio de golpes que Demond Mallet no había conseguido romper.

(Foto: Emilio Cobos / Baloncesto Fuenlabrada) Urtasun contra todos

(Foto: Emilio Cobos / Baloncesto Fuenlabrada)
Urtasun contra todos

El problema de Fuenlabrada era de vasos comunicantes, ya que si los de Maldonado lograban desconectar el ataque, los de Cuspinera dejaban de fluir en defensa y, por esos huecos, se colaba el talento descomunal (e irregular) de Brandon Paul, que encontraba sus minutos de oro. Álex Urtasun, al estar Paunic muy desdibujado con extraños problemas para controlar el bote y superar a sus pares, intentó darle la réplica pero, como el americano iba de tres en tres y el navarro de dos en dos, las diferencias se dispararon (29 – 35). El partido no se rompió en ese momento porque la superioridad de Smits sobre Paul al poste, la fontanería de Oliver Stevic y la muñeca de David Wear volvieron a conectar el circuito: abierta la vía del aro los naranjas comenzaron también a apretar en defensa (gran tapón a dos manos de Llorca a Mallet) y de esa forma, al descanso, el marcador incluso les favorecía (45 – 42).

El camino estaba claro, porque para este Fuenlabrada no hay otro camino. Y por eso quizá la cara de Cuspinera reflejaba descontento al final del partido, porque sus pupilos no supieron verlo. Volviendo a las andadas, la defensa comenzó a dejar huecos, esta vez interiores, a los verdinegros, haciéndose Rakovic el amo de la zona con ocho puntos consecutivos que igualaban el marcador. Mientras los balones fuenlabreños entraron, todo fue bien; sustituyendo a Sobin que no había podido con la mole de Rakovic, Stevic sacó a su compatriota la cuarta falta, Wear volvía a notar desde el perímetro… Pero cuando se cerró el aro, fundamentalmente porque se perdía el balón antes de intentar siquiera el tiro, nadie conseguía recuperar atrás lo perdido delante. Renacida la estrella de Brandon Paul, Sergi Vidal remachó los golpes de su compañero ante un Montakit Fuenlabrada que, como un boxeador sonado, solo buscaba que sonara la campana que le salvara del K.O. (53 – 65).

(Foto: Emilio Cobos / Baloncesto Fuenlabrada) La chanson de Rolands

(Foto: Emilio Cobos / Baloncesto Fuenlabrada)
La chanson de Rolands

El último asalto se abrió con una ráfaga de viento letón, reivindicando Rolands Smits su sitio en la élite endosando a los visitantes un parcial de 6 – 0. FIATC Joventut no se descompuso y, entregado a la veteranía de Vidal, devolvió con creces el parcial desde la línea de tres puntos. La remontada parecía un espejismo (66 – 79), pero ese espejismo era un paisaje reconocible para el Montakit Fuenlabrada 2015/2016. Tras un tiempo muerto, los naranjas volvieron a atacar con fiereza el rebote ofensivo, Smits continuó su exhibición, el renqueante Tabu se reencontró con el acierto desde el perímetro, y Urtasun abrió huecos imposibles entre los defensores para encestar o sacar tiros libres. Conectados los vasos comunicantes la Penya, desarbolada interiormente por las faltas de Drame y Rakovic, era incapaz de encontrar huecos en el perímetro entre el bosque de manos defensoras, consiguiendo solo dos puntos en esos casi seis minutos que restaban hasta el bocinazo final. Un segundo antes del mismo, Tabu penetró y dobló el balón a un abierto Álex Llorca, que no pudo embocar el tiro decisivo (80 – 81). Quien juega con fuego a veces se quema y, por eso, la cara de Cuspinera, espejo del alma, reflejaba entre líneas la frustración que la del jugador catalán mostraba a las claras entre los brazos de Popovic.