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Red
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Sólo una vez la gloria fue para otros. Durante diez años (1956-67), los Boston Celtics de Red Auerbach conquistaron nueve de diez anillos posibles. Aquél era un equipo que tiranizaba la NBA gracias a una defensa intensa y coordinada, concretada con ataques veloces que hacían del contraataque una cuestión artística. En aquella colección de talentos solidarios sobresalía gente como el intimidante Bill Russel o Bob Cousy, virtuoso del dribling. Aunque el arquitecto del equipo fue Red Auerbach, un tipo que vivió hasta los 89 años, casado con Dorothy y padre de Nancy y Randy. Un ganador voraz que cuidaba hasta la exasperación todos los pequeños detalles que rodeaban a su equipo. El tío Red perpetuó su idilio con el triunfo como manager general de los ‘orgullosos verdes’, función en la que agregó 7 títulos más a un palmarés fuera de lo  ordinario. En total, obtuvo 16 títulos en 29 años. David Pérez Moreno nos acerca su historia con un talento narrativo a la altura del tipo que retrata.

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Red

David Pérez Moreno

20.marzo.2011

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Red Auerbach fue uno de los gestores más exitosos en toda la historia del deporte profesional estadounidense. Con los Celtics, conquistó 9 anillos como entrenador y siete como manager general. Fuente de foto: lh4.googleusercontent.com

 


Si Arnold “Red” Auerbach no se hubiera cruzado en su camino, puede que los Boston Celtics hubieran desaparecido como tantas otras franquicias fundadoras de la NBA. Walter Brown, dueño del club, había hecho todo tipo de malabarismos económicos para mantener vivo el club, pero en los primeros cuatro años de la franquicia, los Celtics nunca ganaron un anillo y no lograron despertar mucho interés entre los habitantes de Boston.

 

Por su parte, Auerbach había entrenado con éxito durante tres años a los Washington Capitols , desde la temporada 1946-47 y consiguiendo cada año récords ganadores. Problemas filosóficos y quizás personales con el dueño del equipo, hicieron que Red dimitiera y aceptara una oferta de Ben Kerner para entrenar a los Tri Cities Blackhawks. Sus conflictos con Kerner fueron todavía más graves, por lo que Red dimitió tras su primer año allí.

 

Después de dos malas experiencias con propietarios de equipos, Auerbach aceptó la oferta de un desesperado Walter Brown para entrenar a Boston. Los dos congeniaron a la primera, ya que a Brown solo le importaban el rendimiento y los resultados, lo que daba plena libertad a Red para buscar las victorias a su manera. Red inculcó a su equipo la necesidad de que cada jugador entendiera cual era su papel y subordinara sus éxitos personales a los títulos del equipo. Como aficionado al baloncesto rápido, Red instauró los ataques veloces, haciendo que bases y escoltas volaran por la pista, para anotar antes de que el rival tuviera tiempo de colocar su defensa.

 

Red Auerbach nunca vivió en Boston permanentemente. Su casa estaba en Washington D.C. y allí pasaba las post-temporadas con su mujer y sus dos hijas. Visitaba Washington cuando el calendario de la NBA se lo permitía y volvía con su familia cuando los play-offs terminaban, quedándose en Boston el resto del año. Durante varios años estuvo hospedado en el Hotel Lenox deBack Bay y allí disfrutó del anonimato relativo que le proporcionaba ese estilo de vida. Como la mayor parte de sus vecinos eran turistas, nunca llegaron a sospechar quién era aquel tipo calvo que siempre volvía a su habitación con cartones de comida china entre las manos.

 

Auerbach se las ingenió para adelantarse a otras franquicias al contratar al pívot “Easy” Ed Macauley y a un veloz driblador llamado Bob Cousy. Junto con un fiable tirador llamado Bill Sharman, moldeó a sus hombres hasta convertirlos en un equipo de Play-Off, pero que nunca llegaba a ganar el último partido de las finales. Todavía necesitaban un hombre alto y Red se las ingenió para conseguir a Bill Russell, la última pieza que faltaba para crear el equipo más dominante de la historia de la NBA.

 

Sus detractores afirman que Auerbach no aprendió a entrenar hasta que Bill Russell llegó a su equipo y que cualquiera habría ganado con aquellos jugadores. La realidad es que hasta los Red Sox intentaron fichar a Auerbach como Manager de su equipo de baseball, por su capacidad única para maximizar el potencial de sus jugadores. Era capaz de saber apretar los botones adecuados, con la misma facilidad con la que se encendía uno de sus míticos puros.

 

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 Uno de los indicadores más fiables para medir la posteridad de una leyenda es calibrar si ésta tiene calle y-o estatua. La escultura con la que Boston honra a uno de sus héroes modernos habla por sí sola del legado que dejó este enfebrecido del deporte de la canasta Autor de la foto: David P.Moreno


Durante su vida hizo amigos y enemigos por todas partes, siendo capaz de camelarse a  los árbitros mientras no paraba de cabrear a entrenadores y jugadores rivales. A menudo sus propios jugadores no podían ni verle, por sus habituales regateos a la hora de negociar contratos. Los más listos puenteaban a Red, negociando directamente con el dueño Walter Brown, hasta que este murió en 1964. A partir de entonces, ejerció muchos años como General Manager. Fueron tiempos de luces y sombras, en los que llegó a fichar figuras de todos los calados, pero también dejó irse a grandes jugadores que fueron sustituidos por paquetes.

 

Siguiendo con su leyenda de austeridad, bajo el mandato de Red, los Celtics siempre llevaron zapatillas negras, ya que no había que limpiarlas tanto y además duraban más que las blancas. La realidad es que, además, Auerbach tenía otros motivos ocultos, pensaba que con zapatillas negras la ilusión visual hace que parezca que se corre más despacio que con blancas. Auerbach quería hacer creer a sus adversarios que sus Celtics iban a cámara lenta, cuando en realidad estaban cruzando la pista a toda velocidad.

 

Entrenó al equipo hasta el final de la temporada 1966, retirándose como campeón y no volviendo nunca a entrenar por lo mucho que llegó a quemarle el banquillo de los Celtics. En una sabia decisión, eligió a Bill Russell como su sucesor, para seguir encendiéndose puros al final de los partidos victoriosos de su equipo. Sus habanos eran capaces de irritar  por igual a  jugadores, entrenadores y aficionados rivales. Cuando descubría el efecto que sus puros tenían en los contrarios, se los encendía todavía más a gusto. Era muchísimo más placentero encender un buen puro que sacar el dedo medio a pasear y para Red el significado de ambos gestos era exactamente el mismo.

 

Red era capaz de sacar de sus casillas a sus rivales, pero en el fondo era un buenazo, con serios problemas para expresar sus sentimientos de maneras convencionales.  Solía ofrecerse a llevar a la gente al aeropuerto como gesto de empatía. Por ejemplo, cuando Bill Russell y otros compañeros de color se negaron a jugar un amistoso en un lugar que promovía la segregación racial, fue Red el que les llevó al aeropuerto. También lo hizo con un jugador al que cortó y pidió que volviera al año siguiente, para luego volver a cortarle por segunda vez. El pobre hombre tuvo que irse de vuelta al aeropuerto de Logan con las orejas gachas, escoltado por Red, como no podía ser de otra forma.

 

Como muestra de su bonhomía, en el Draft de 1982, seleccionó a un jugador llamado Landon Turner. Este jugador fue la estrella del equipo campeón de la Universidad de Indiana en 1981, pero meses después quedó paralítico tras un accidente de tráfico. Fue un gesto ejemplar de un hombre que nunca dejó de tener un gran corazón.

 

Red abandonó los banquillos en 1966 y años después dimitió como General Manager para convertirse en presidente del Club, un cargo que tendría que dejar cuando Rick Pitino aterrizó en los Celtics. Red sobrevivió a ese periodo negro y continuó sirviendo a los Celtics hasta su muerte en 2006. Mucho antes, pudo ver su ficticio número 2 retirado y colgando junto al resto de sulegado: en lo más alto del Boston Garden.


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