Las décadas prodigiosas

«Las expectativas de los demás nunca serán tan altas como las mías. Nunca.»

12 de mayo de 1997. Delta Center. Salt Lake City. Utah. Con el 5º partido de las semifinales de la Conferencia Oeste en el alero, un novato de 18 años recién salido del instituto decide tomar la responsabilidad y asumir los tiros decisivos del duelo. 4 lanzamientos, 4 airballs para regocijo de una parroquia local que nunca profesó amor alguno por los Lakers. La estoicidad y rectitud del estado mormón no mezclan bien con el glamour y superficialidad hollywoodense, ya se sabe…

En plena retirada de la cancha, cabizbajo ante la doble decepción causada por la eliminación consumada y su papel decisivo (para mal) en ella, el chaval emocionalmente desconectado del resto del grupo durante todo el curso recibió el apoyo moral del macho alfa de la manada, un Shaquille O´Neal dominante pero sin anillos en los dedos.

«Fíjate bien en toda esa gente que se ha reído de ti y recuérdalos el año que viene, cuando volvamos a encontrarnos con estos tíos. Entonces, acertarás los tiros.»

«Has sido el único con las agallas suficientes para jugarse esos balones.»

El monstruo con el número 34 a la espalda sabía ya por aquel entonces que necesitaría ayuda para hacer historia, y enseguida vio en aquel chico a esa segunda pata imprescindible para arrancar la decepción que latía en su interior, desde que Olajuwon y sus impecables fundamentos arrollaran a sus Orlando Magic y a él mismo un par de años antes. Y el futuro le daría la razón, con creces…

 

13 de abril de 2016. Staples Center. Los Ángeles. California. Los Utah Jazz volvían a ocupar el rol de actores de reparto en uno de los momentos más representativos de la carrera de Bryant: el de su última función. Tras un curso difícil, arrinconado por los incontables problemas físicos inherentes a dos décadas al más alto nivel profesional y los peores Lakers de la historia de la gloriosa franquicia, Kobe saltaba a la cancha dispuesto a no defraudar al mundo del baloncesto. El acopio de fuerzas acometido durante toda la campaña iba a dar los resultados deseados: primero, el de llegar sano a su despedida. Después, el de hacerlo siendo capaz de decir adiós a su manera.

«Reté a Kobe a que metiera 50 puntos en su último partido, y el cabrón ha metido 60.»

Las palabras de un O´Neal que ha enterrado definitivamente el hacha de guerra con el tipo que le ayudó a alcanzar la eternidad (el tiempo lo cura casi todo) son fiel reflejo de la dimensión del evento. Los Jazz se sabían fuera de los playoffs desde minutos antes de la cita, y ninguno de sus dos gólems interiores eran de la partida, pero la seriedad de los de Quin Snyder (unida a la falta de ella de los de Byron Scott) era argumento suficiente para llegar al último cuarto 75-66 arriba en el electrónico. Y, justo en ese instante, aquel chico con arrojo pero sin acierto al que los años y el trabajo con irreductible fanatismo convirtieron en el asesino más letal con una pelota naranja en las manos, se subió al Delorean para volver al pasado. A ese pasado que los treintañeros de hoy, los mismos que hemos seguido con pasión toda su aventura, nunca vamos a olvidar…

Porque las palabras de aliento de Shaq en aquel día de 1997 se agradecieron, pero Bryant nunca dudó acerca del destino que le reservaban su letal combinación de talento y adicción al trabajo. Ni por un instante.

23 puntos de los 35 totales de los Lakers en los 12 minutos finales con la firma del #24, además de la asistencia a Jordan Clarkson que cerraba la victoria. 96-101. 60 en su tarjeta individual, la mayor anotación de la temporada (6ª vez que logra este hito en su carrera), la mayor también alcanzada nunca por un tipo de más de 35 años. Con 50 lanzamientos totales, sí, pero sin olvidar ponderar el esfuerzo titánico que ello supone para un profesional con 2 décadas a sus espaldas al más alto nivel de exigencia (siendo jugador exterior, para más inri), amén de un sinfín de lesiones.

Tras 33.643 puntos, 5 anillos de campeón, 1 MVP de la regular season y 2 de las finales, 18 nominaciones al All Star Game (y 4 veces jugador más valioso de la cita), aquellos 81 puntos ante los Toronto Raptors, un trofeo del concurso de mates, 11 inclusiones en el mejor quinteto de la temporada y 9 en el mejor quinteto defensivo, Bryant enfilaba el túnel hacia los vestuarios. Para no volver jamás a pisar la cancha vestido de corto.

«La última vez que me sentí intimidado fue durante una clase de karate, y tenía 6 años.»

Kobe nunca temió a nada ni a nadie, se vació (pecando muchas veces de egoísta) en pos de alcanzar su objetivo de ser el mejor, perfeccionó hasta el absurdo su nivel técnico en interminables e inhumanas sesiones entre la cancha y el gimnasio, exigió a sus compañeros su mismo nivel de dedicación para aspirar a lograr su respeto… Y acabó ingresando en el club de la flor y nata de siempre en su pasión.

Y lo hizo a su manera.

Y ha sido un placer infinito ser testigo de ello.

Algo se muere en el alma, cuando un mito se va. Fuente fotografía: mundodeportivo.com

@Juanlu_num7

 

Deriva en Malibú

«He enterrado cuentos y calendario,
ya cambié el balón por gasolina.
Ha prendido el bosque al incendiar la orilla.»

 

A cierre de líneas, Los Ángeles Lakers protagonizan el periodo más oscuro de su brillante historia, una que cuenta con 16 anillos de campeón y 31 finales disputadas. Decíamos en la preview del curso (http://fiebrebaloncesto.com/quo-vadis-lakers/) que para una franquicia como la angelina, acostumbrada a vivir fortificada en la cima de la NBA, el periodo actual de 3 años de reconstrucción era territorio inexplorado. Pero lo que estamos viendo en este curso hace imposible llegar a la conclusión de que estos Lakers estén construyendo algo. Con un récord de 3 victorias y 21 derrotas, superando únicamente a unos Sixers que lograron su único triunfo precisamente ante las huestes hollywodenses, el equipo se abandona a la deriva.

 

«Habrá que inventarse una salida,
ya no hay timón en la deriva.»

 

Los Lakers de Byron Scott no comparten el balón (18 asistencias por noche, 2º peor equipo de la liga), son un desastre atacando (96.6 puntos anotados por cada 100 posesiones, 28º registro de la NBA y empeorando en mucho los 100 del curso pasado), defendiendo (106.8 puntos recibidos por cada 100 posesiones, mejorando únicamente los guarismos de los New Orleans Pelicans) y superan tan sólo a los Sixers lanzando a canasta (45.7% de acierto). Los vines con jugadas ridículas de la tropa púrpura y oro (especialmente crueles con el ex del Barcelona Marcelinho Huertas, que naufraga constantemente a la hora de bajar el culo atrás) toman Internet al asalto, Hibbert se muestra más perdido que un pulpo en un garaje (y esta vez la culpa no es del todo suya) y los sistemas de ataque del equipo se limitan a que Kobe reciba el balón para jugarse el tiro, con independencia de su posición o de la proximidad de su defensor. En el último baile de su faraónica carrera, Bryant está promediando 17.2 tiros por partido, con un pírrico 32.4% de acierto.

El crossover de Brandon Knight deja en evidencia a un superado Huertas. Creedme, la jugada empieza con Marcelo enfrente de su rival. Fuente: espn.go.com

 

«Has tenido pulso para engancharme 

alistado en ejércitos suicidas.
Me adentré en el bosque y no encontré al vigía.»

 

Uno de los más perjudicados del embrollo monumental es precisamente el principal pilar sobre el que construir algo parecido a un futuro en la gloriosa franquicia. D´Angelo Russell, elección nº2 del último draft, es un apasionante proyecto de base, cercano a los 2 metros de altura y capaz de hacer prácticamente todo en una cancha de baloncesto. Pero es bien sabido que los armadores de juego necesitan de la confianza y ayuda de entrenadores y veteranos para acometer su adaptación al mundo profesional, más aún en un equipo distópico hasta el extremo como estos Lakers. Y, por si el convivir con 3 acaparadores natos de balón (Bryant, Young y Williams) en el róster no fuera suficiente, el chaval procedente de Ohio State ha sufrido la nula e inexplicable comunicación del coach Scott hacia sus novatos (catalogando como tal también a un Randle que apenas disfrutó de 14 minutos de experiencia en su curso de debut). Cuando el periodista angelino Baxter Holmes cuestionó a D´Angelo acerca de porqué había pasado a salir desde el banquillo durante el mes de noviembre, el chico respondió que algo estaría haciendo mal, y que debía corregirlo. La respuesta a la siguiente pregunta dejaría estupefactos a todos los presentes:

Byron explain why?

No.

Russell y Randle se ven obligados a dar los primeros pasos en el oscuro y peligroso bosque de la NBA sin atención alguna de su vigía…

Russel busca en Kobe las enseñanzas que Scott le niega. Fuente. nba.com

 

«Habrá que inventarse una salida.
Que el destino no nos tome las medidas.
Hay esperanza en la deriva.»

 

El bochorno sigue, los ridículos se suceden (97-126 en la última visita a Houston), pero débiles focos de luz tratan de hacerse ver entre la oscuridad reinante. Scott parece haber variado ligeramente sus delirantes planes, y Russell viene disfrutando de más responsabilidades ofensivas en el último mes (15.1 puntos y 3.6 asistencias promedia el novato en lo que llevamos de mes de diciembre). Además, Randle ha liberado a esa bestia reboteadora que lleva dentro (10.8 rebotes del media en los últimos 8 partidos) y Jordan Clarkson no abandona ese perfil vertical hasta el extremo, que tan necesario será cuando Kobe ya no esté.

Porque, como nos enseñan Vetusta Morla (autores de los maravillosos versos que han acompañado a este texto desde el inicio), en cualquier situación es posible hallar un halo de esperanza.

@Juanlu_num7

The End

El orgullo, combustible primordial de la histórica trayectoria deportiva de Kobe Bryant, sufre sin medida, atrapado en un cuerpo muy limitado por las lesiones y el desgaste inherente a 20 años en la élite. Las piernas se muestran incapaces ya de dotar al genio de Philadelphia del impulso necesario para embocar tiros imposibles como antaño (30.4% de acierto en sus lanzamientos de campo en el nuevo curso, 22% si nos centramos en los triples), y la ambición impide que La Mamba abandone el protagonismo de esa función sin orden ni concierto que son estos Lakers de Byron Scott. El equipo y sus jóvenes talentos eran cautivos de Kobe, y Kobe se encontraba a la vez confinado en la cárcel de su físico: había llegado el momento de anticipar la despedida.

Un torrente desbordado de recuerdos y sensacionales noches que pasaron a los libros de excelencia individual de la NBA, esa fue la reacción del que escribe al conocer la noticia y leer el poema breve de Bryant. Desde el 13er puesto de aquella fantástica camada de novatos de 1996, pasando por la tumultuosa dinastía que su compleja coexistencia con O´Neal impidió ampliar en el tiempo, hasta las 3 finales consecutivas junto a Pau Gasol: 20 años maravillosos que ni 5 anillos de campeón, ni un MVP de la liga regular, ni 2 MVPS de las finales, ni 17 presencias en el All Star Game, ni 11 inclusiones en el mejor quinteto de la temporada y 9 en el mejor quinteto defensivo, ni ese tercer puesto en la lista de anotadores históricos son capaces de sintetizar.

Porque es posible amar el baloncesto coral que tan bellamente interpretan los Warriors en la actualidad (y muchos otros conjuntos anteriormente), guardando a la vez como tesoros esos cursos en los que Bryant alcanzó la cima del éxtasis ejecutor individual. Esa temporada 2005/2006 saldada con unos alucinantes 35.4 puntos de promedio, arrastrando a un equipo mediocre hasta los playoffs y dejando por el camino regalos como los 81 puntos anotados ante los Toronto Raptors, o los 62 en tres cuartos frente a unos muy superiores Dallas Mavericks acaudillados por Dirk Nowitzki. Y tantas otras erupciones imparables, arrasando a equipos enteros como la incandescente lava de un poderoso volcán desatado.

 

«But you only need the light when it´s burning low

Only miss the sun when it starts to snow

Only know you love her when you let her go.»

Let her go – The Passenger 

 

De aquí al mes de abril todos los pabellones de la liga mostrarán su respeto absoluto hacia uno de los más grandes intérpretes de esa gloriosa sinfonía que es nuestro juego. El rival más odiado, el trabajador incansable, el orgulloso cañonero, el asesino sin piedad ni temor en los instantes decisivos, veía la semana pasada como la sufrida parroquia de su Philly natal, la misma que le abucheó sin piedad tanto en las finales de 2001 como a la hora de recoger el premio al MVP del All Star Game en 2002, rendía tributo a su figura.

Porque no valoramos de verdad a las personas hasta que se han ido.

Ha sido un verdadero placer el acompañar a Bryant en esta aventura de dos décadas, siendo testigo de su proceso de evolución personal (desde el chaval aislado emocionalmente del resto del róster al veterano líder vocal, pasando por los recurrentes problemas de ego desmedido que le hicieron chocar con Shaq y con tantos otros) y profesional. Con sus virtudes y sus defectos, es hora de que todos tomemos perspectiva y valoremos como se merece el legado de un deportista inolvidable.

@Juanlu_num7

Quo vadis, Lakers?

«Nos gastamos en drogas

la arena de los sueños, y la pasta de la revolución.»

Pablo Moro. El último vals.

 

Los todopoderosos Lakers nunca entendieron de reconstrucciones. Desde 1948, afincados aún en la fría Minneapolis, únicamente 7 ediciones de los playoffs han echado a andar sin la participación de los de púrpura y oro. El embrujo de la franquicia (la que más finales de la NBA ha disputado) y la atracción del clima y modo de vida californiano han ejercido desde siempre un brillante e irresistible magnetismo sobre los mejores jugadores del planeta basket. Es por ello que la organización transita estos días por un territorio inexplorado: 2 temporadas consecutivas con récords pírricos, contándose ambos entre los 4 peores de toda su historia.

En una NBA cada vez más impersonal, con los «assests» sustituyendo a los «players» en el discurso de los general managers, los Lakers decidieron adoptar un enfoque más humano en diciembre de 2013. La multimillonaria extensión de contrato (48.5 millones de dólares por 2 temporadas) para un Kobe Bryant de 35 años y asediado por las lesiones era un sincero homenaje a un jugador de época, máximo anotador histórico de la organización y con una mano repleta de anillos de campeón. Homenaje merecido, sin duda, pero que dejaba al equipo sin margen de maniobra y postergaba su necesaria reinvención. Bryant ha sido estos 2 cursos (mientras ha podido permanecer en la pista) la «droga» que ha anestesiado a la parroquia del Staples Center, dispuesta a soportar la mediocridad general con tal de agasajar y despedir a su héroe. Hoy, para el posible último baile del genio de Philadelphia, los angelinos presentan un róster con talento joven y recovecos delirantes en su concepción.

Byron Scott, ex-leyenda de la franquicia y entrenador del año en 2008 (con los New Orleans Hornets), exigirá a sus hombres movilidad en ataque (con cortes constantes hacia canasta de sus jugadores exteriores) y actividad atrás. El backcourt puede ser agresivo y buscar el robo sin miedo, gracias al gólem que cuidará sus espaldas este año. Al menos esa es la idea…

Roy Hibbert lleva temporada y media instalado en la intrascendencia, pero sigue siendo un defensor interior de élite. El 42.6% provocado a sus rivales en la pintura durante el curso 14/15 es un dato revelador, y el cambio de ciudad (y de planeta prácticamente, de Indiana a California) debería servirle de acicate para centrarse en lo que será verdaderamente útil para la tropa: proteger el aro y asegurar el rebote. Y, junto al gigante neoyorquino, patrullará una de las grandes esperanzas de la organización: tras lesionarse en su debut profesional y permanecer el resto del curso en blanco, Julius Randle (elección nº7 del draft de 2014) aportará descaro y frescura a la batería interior. Su dinamismo y búsqueda constante del aro en ambiciosas penetraciones contrastan con un mejorable manejo de balón y una deficiente lectura del juego, normales en un chaval que cumplirá los 21 a finales de noviembre. Completan el elenco Tarik Black (como back-up de Hibbert), el siempre útil Brandon Bass y un Ryan Kelly en el rol de stretch four de la tropa. Tipo inteligente, jugador de complemento, buen tirador y pasador que nunca se extralimitará en sus funciones.

Randle quiere ser la nueva cara de la franquicia. Fuente: nba.com

Pero es en el juego exterior donde hallaremos el reverso más fascinante y delirante de la plantilla de Scott. Todas las canchas de la liga prepararán sus homenajes particulares a Bryant por si la de este curso fuera su última visita a la ciudad en pantalón corto, y se encontrarán con un Kobe ejerciendo de falso 3, posteando y tomando muchas decisiones de espaldas a su defensor. La presencia de la «Mamba Negra» será a la vez bendición perecedera para los fans y maldición para los chavales del perímetro angelino, más aún si a su insaciable demanda de balones sumamos la de la pareja de cañoneros que formará parte de la segunda unidad.

De chollo absoluto valoraría el que escribe el contrato que los Lakers firmaron a Lou Williams (21 millones de dólares por 3 años), cifra muy baja bajo los estándares del nuevo contrato televisivo para uno de los mejores anotadores desde el banquillo de la NBA. El problema es que el equipo ya tenía ese rol cubierto con un Nick Young para el que el único lanzamiento malo es aquel que no se lanza (1.1 asistencias promedia «Swaggy P» en su carrera), y la coexistencia de dos anotadores de dudosa selección de tiro en una misma unidad es uno de esos recovecos delirantes a los que hacíamos referencia en los primeros párrafos. La presencia de Bryant, Williams y Young postergará la evolución de Jordan Clarkson, otra de las grandes esperanzas de la organización. Pendiente de definir su posición y de trabajar en su inconsistente tiro exterior, el ex de la Universidad de Missouri pinta a robo del draft (hasta el puesto 46 cayó en la última camada de novatos) a poco que le dejen asumir responsabilidades ofensivas, desde su fulgurante primer paso y su exhuberancia física. Misión imposible, dada la proliferación de pistoleros en la banda.

Y si en Clarkson residen buena parte de las expectativas de fans y ejecutivos de Lakerland, qué decir del nº2 del draft de 2015. Con su elección más alta desde James Worthy (nº1 de 1982), los angelinos escogieron a D´Angelo Russell, candidato a dominar la posición de base en los años venideros. Desde su atalaya de casi 2 metros, y con un físico fuera de lo normal en su puesto, Russell promedió 19.3 puntos, 5.7 rebotes y 5 asistencias en su primera (y última) campaña en Ohio State. Con Scott valorando aún si el novato partirá desde el quinteto titular o desde el banquillo, la misión del pointguard se centrará en la distribución y el crecimiento defensivo, asumiendo en ataque las migajas que dejen por el camino la colección de anotadores exteriores presentes a sus lados.

Bryant, inmejorable mentor para Russell. Fuente: espn.go.com

 

Un curso más en el dulce purgatorio, con el sorprendente regreso a última hora de Metta World Peace. Sin rumbo pero con la ilusión de despedir a uno de los mejores escoltas de la historia de la liga como se merece: en la pista.