Con la maleta llena de ilusión

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En el baloncesto, como en tantas otras cosas en este vida, es fundamental la química de grupo. Encontrar el rol que a uno le corresponde, coordinar voluntades y talentos para que todos funcionen en la misma dirección. A juzgar por las reflexiones que en este artículo establece Rosa Vara de Rey, reportera de Onda Madrid y una de las mujeres de este país que más sabe sobre intangibles baloncestísticos, la selección viaja a Turquía con buenas vibraciones. Los roles están bien definidos y la preperación ha dejado una interesante mezcla de confianza e incertidumbre. Una combinación perfecta, que, combinada con la dolorosa baja de JM Calderón (el factor emotivo de honrar al ausente) funcionará como catalizador de una selección que se ha ganado el derecho a soñar con lo máximo.

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Con la maleta llena de ilusión
Así partían los jugadores de la selección española de baloncesto en el charter que les llevaba directamente a Esmirna, la ciudad donde jugarán la primera fase del Mundial. «Por fín ha llegado», parecían pensar la mayoría de los internacionales después de un mes de intenso (y a veces aburrido) trabajo de preparación. «Por fín ha llegado» pensó dos días antes Raül López http://fiebrebaloncesto.com/index.php?option=com_content&view=article&id=201:sergio-raul-calde&catid=48:mundobasket&Itemid=56?=es, porque el capitán de los archiconocidos Junior de Oro llevaba muchos años esperando la oportunidad de conseguir un oro mundial. Metal que la mayoría de sus compañeros de aquella selección de pequeños genios ya tiene.
Y así se marcharon. Con maletas y maletas, con cajas y cajas llenas de cosas, con unos cuantos periodistas metidos en el avión y con toneladas y toneladas de ilusión por conseguir un nuevo metal. Estan motivadísimos por ganar el oro y eso no es fácil de conseguir cuando ya tienes uno colgado al cuello. Puede que el campeonato no comience como esperamos, puede el juego de la selección no enamore desde el primer día o que se vean algunas carencias hasta que Raül se acople del todo, pero no pierdan la fe en este conjunto porque terminarán jugando, divirtiendo y enamorando como lo hacen siempre.
En estos días también he podido ver a un Sergio Scariolo http://www.sergioscariolo.com/ más tranquilo y más seguro de sí mismo. El seleccionador, este año, se encuentra más cómodo en su cargo. Conoce perfectamente el reto al que se va a enfrentar, no le tiene miedo pero sí mucho respeto. Ha llegado a este segundo año al frente de la selección con la lección bien aprendida. Sus alumnos también saben de qué pie cojea el profesor y por eso le han incluido en la piña, aunque siempre marcando las distancias.
Al frente de la expedición iba José Luís Saez. Si le dejaran él mismo pilotaría el avión hasta Turquía. A unos les gustará más, a otros menos, algunos entederan sus decisiones, otros no, pero de lo que no hay duda es que siempre consigue lo que se propone. Así que ya podemos ir apuntando que la final del Mundial 2014 será en el Santiago Bernabeu, lo tiene entre ceja y ceja.
Por más que esperé en la noche del domingo al lunes el milagro no se produjo y Calderón no pudo estar junto con el resto de sus compañeros. El basket, que tanto queremos, ha sido tremendamente injusto con él. Este año llegaba con más ilusión que nunca después de ver el Europeo del año pasado siendo comentarista de televisión. Y en el último momento, en el último partido, se rompió, como un muñeco de cristal, y con esa rotura de fibras se truncó toda su ilusión. «Hemos perdido la alegría», decía Scariolo antes de montarse en el avión. Pero la alegría volverá en forma de medalla, una medalla que también será suya.

Con la maleta llena de ilusión 

Rosa Vara de Rey

 

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Marc Gasol ha sido el jugador más productivo de la fase de preparación que ha realizado la selección.

Hace bien en soplar, porque el equipo necesitará esa actitud confiada y relajada para que exprese

lo mejor de su juego, que a día e hoy le hace ser una realidad emergente en la exigente NBA.

Fuente de foto: feb.es.

 

Así partían los jugadores de la selección española de baloncesto en el charter que les llevaba directamente a Esmirna, la ciudad donde jugarán la primera fase del Mundial. «Por fín ha llegado», parecían pensar la mayoría de los internacionales después de un mes de intenso (y a veces aburrido) trabajo de preparación. «Por fín ha llegado» pensó dos días antes Raül López, porque el capitán de los archiconocidos Junior de Oro llevaba muchos años esperando la oportunidad de conseguir un oro mundial. Metal que la mayoría de sus compañeros de aquella selección de pequeños genios ya tiene.


Y así se marcharon. Con maletas y maletas, con cajas y cajas llenas de cosas, con unos cuantos periodistas metidos en el avión y con toneladas y toneladas de ilusión por conseguir un nuevo metal. Estan motivadísimos por ganar el oro y eso no es fácil de conseguir cuando ya tienes uno colgado al cuello. Puede que el campeonato no comience como esperamos, puede el juego de la selección no enamore desde el primer día o que se vean algunas carencias hasta que Raül se acople del todo, pero no pierdan la fe en este conjunto porque terminarán jugando, divirtiendo y enamorando como lo hacen siempre. 


En estos días también he podido ver a un Sergio Scariolo más tranquilo y más seguro de sí mismo. El seleccionador, este año, se encuentra más cómodo en su cargo. Conoce perfectamente el reto al que se va a enfrentar, no le tiene miedo pero sí mucho respeto. Ha llegado a este segundo año al frente de la selección con la lección bien aprendida. Sus alumnos también saben de qué pie cojea el profesor y por eso le han incluido en la piña, aunque siempre marcando las distancias.


Al frente de la expedición iba José Luís Saez. Si le dejaran él mismo pilotaría el avión hasta Turquía. A unos les gustará más, a otros menos, algunos entederan sus decisiones, otros no, pero de lo que no hay duda es que siempre consigue lo que se propone. Así que ya podemos ir apuntando que la final del Mundial 2014 será en el Santiago Bernabeu, lo tiene entre ceja y ceja. 


Por más que esperé en la noche del domingo al lunes el milagro no se produjo y Calderón no pudo estar junto con el resto de sus compañeros. El basket, que tanto queremos, ha sido tremendamente injusto con él. Este año llegaba con más ilusión que nunca después de ver el Europeo del año pasado siendo comentarista de televisión. Y en el último momento, en el último partido, se rompió, como un muñeco de cristal, y con esa rotura de fibras se truncó toda su ilusión. «Hemos perdido la alegría», decía Scariolo antes de montarse en el avión. Pero la alegría volverá en forma de medalla, una medalla que también será suya.


Y después de un vuelo placido en el que la mayoría de los internacionales durmieron profundamente soñando con el oro, llegaron a Esmirna. Ya estamos todos preparados para lo bueno. ¡Comienza la competición!